Pieza insignia
Lechuza sobre vasija
La pieza grande, la más pedida. Guardiana de noche cerrada sobre su cántaro.
Soy Abel. Canto folklore del norte y hago cerámica negra con las manos, en el mismo taller donde aprendí de mi padre Eduardo. Cada pieza sale del fuego lento: única, sin dos iguales.
Mi papá, Eduardo Mendoza, creció entre los cerros viendo a sus padres moldear ollas de barro. A los nueve años cruzó la frontera caminando, solo. Trabajó de golondrina —tabaco, caña, vendimia— hasta llegar al Valle Calchaquí.
En San Carlos, junto a Bartola, volvió al barro. Levantó sus hornos de adobe a pura intuición y una noche, quemando piezas con aserrín, encontró sin buscarlo ese negro metalizado que hoy es su firma.
Sigue trabajando sin máquinas ni moldes, solo con las manos. Yo aprendí ahí mismo, mucho antes de subirme a un escenario — y ahora llevo esa tierra a cada feria, festival y pieza que sale del taller.
Cantautor salteño. Zambas, coplas y bagualas de los valles, en festivales y peñas del norte argentino. La guitarra y el barro nacen en el mismo taller.
Cerámica negra levantada a mano, sin torno ni moldes, cocida a fuego lento con aserrín en hornos de adobe. Ese negro profundo es la firma de la familia.
Cada una es única: el fuego decide el brillo y el tono. Escribime por WhatsApp y te cuento disponibilidad, envíos o encargos a medida.
Pieza insignia
La pieza grande, la más pedida. Guardiana de noche cerrada sobre su cántaro.
Erguida y atenta. Tamaño de mesa, con el negro metalizado del aserrín.
Chiquito y macizo. La primera pieza que muchos se llevan de la feria.
Cuello curvo, línea limpia. Queda hermoso solo, sobre madera clara.
Espirales trazadas a mano, una por una. Pieza de vitrina.
Pieza chica. La serpiente abraza el cuerpo, como en los cántaros calchaquíes.
Boca ancha, panza generosa. Para el centro de la mesa o el patio.
Rostro modelado a dedo, inspirado en la alfarería de los valles.
¿Buscás algo distinto? También hago encargos a medida.
Sacamos la arcilla del valle, la dejamos secar, la molemos y la amasamos hasta que pide ser forma.
Sin torno y sin moldes: solo dedos y paciencia. Por eso no hay dos piezas iguales.
Horno de adobe y aserrín. Ahí nace el negro metalizado que mi papá descubrió una noche, sin buscarlo.
Con piedra, hasta que la superficie brilla como agua quieta. Recién ahí la pieza está lista para irse.
Escribime y te muestro lo que hay en el taller ahora mismo: fotos reales, medidas, envíos a todo el país y encargos a medida.